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Las cuatro tareas del duelo, de William Worden

Foto del escritor: Gaby Morales
Gaby Morales
26 jun 2020
4 min de lectura

Actualizado: 24 sept

Las cuatro tareas del duelo de William Worden

El duelo no sigue necesariamente una serie de etapas ni ocurre de la misma manera en todas las personas. J. William Worden, psicólogo e investigador reconocido por su trabajo en duelo y pérdida, propuso un modelo diferente: cuatro tareas que pueden ayudarnos a comprender algunos de los procesos de adaptación que aparecen después de la muerte de una persona significativa.

Hablar de “tareas” no significa que exista un orden obligatorio, un plazo para cumplirlas ni una forma correcta de vivir el duelo. Podemos volver a ellas en distintos momentos, avanzar en unas mientras otras siguen siendo difíciles y necesitarlas nuevamente ante fechas, recuerdos o cambios importantes.

El valor de este modelo está en ofrecer una orientación para comprender qué puede necesitar atención durante el proceso, sin convertir el duelo en una lista que haya que completar.

Las cuatro tareas del duelo

Tarea 1. Aceptar la realidad de la pérdida

Cuando una persona significativa muere o se aleja, podemos comprender racionalmente lo ocurrido y, al mismo tiempo, tardar en reconocer emocionalmente lo que significa su ausencia. Es posible despertar esperando escucharla, mirar el teléfono pensando que llamará o sorprendernos ante situaciones cotidianas que antes compartíamos.

Aceptar la realidad de la pérdida no significa estar de acuerdo con lo sucedido, dejar de sentir dolor ni olvidar a quien murió. Implica ir reconociendo que la relación ya no puede continuar de la misma manera y comenzar, poco a poco, a adaptarnos a una realidad diferente.

Los funerales, despedidas y otros rituales de duelo pueden ayudar a algunas personas a reconocer lo ocurrido y dar un lugar simbólico a la pérdida. También pueden crearse formas personales de despedida cuando no fue posible participar en un funeral o cuando se necesita expresar algo que quedó pendiente. No existe un ritual obligatorio ni una única manera correcta de hacerlo. 

Tarea 2. Trabajar las emociones y el dolor 

El duelo puede expresarse de muchas formas. Además de tristeza, pueden aparecer enojo, culpa, miedo, soledad, confusión, ansiedad o incluso alivio. También puede sentirse en el cuerpo y en la vida cotidiana, a través de cansancio, cambios en el sueño o el apetito, dificultad para concentrarse o la sensación de estar funcionando en automático.


Procesar el dolor no significa permanecer todo el tiempo dentro de él. Puede haber momentos en los que necesitemos hablar, llorar, recordar o acercarnos a lo que sentimos, y otros en los que sea necesario descansar, distraernos, trabajar, convivir o simplemente ocuparnos de lo cotidiano. Tomar distancia por momentos también puede formar parte del proceso.


Esta tarea implica ir reconociendo lo que estamos viviendo, comprender qué puede haber detrás de algunas emociones y encontrar maneras de expresarlas y afrontarlas sin exigirnos sentir de determinada forma. Cada persona vive el duelo con distinta intensidad y a su propio ritmo.


El acompañamiento de familiares y amistades puede ser valioso cuando ofrece presencia y escucha sin apresurar, minimizar o intentar quitar el dolor.

Tarea 3. Adaptarse a un medio en el que el fallecido esta ausente

Después de una pérdida pueden modificarse rutinas, responsabilidades, relaciones, decisiones y planes que antes formaban parte de la vida compartida. Algunas de estas pérdidas secundarias se descubren poco a poco, conforme aparecen situaciones que antes resolvíamos o vivíamos junto a quien murió.

Adaptarse no significa reemplazar a la persona ni dejar atrás el vínculo. Implica aprender a desenvolverse en una realidad diferente: asumir tareas nuevas, reorganizar la vida cotidiana y encontrar otras formas de responder a necesidades que antes estaban ligadas a esa relación.

La pérdida también puede cambiar la manera en que nos vemos a nosotros mismos. Podemos preguntarnos quiénes somos ahora como pareja, madre, padre, hija, hijo o persona cuidadora, e incluso sentir que una parte importante de nuestra identidad también se transformó.

Con el tiempo, esta tarea puede implicar recuperar confianza, reconocer recursos propios y comenzar a construir una vida que incorpore lo vivido sin quedar definida únicamente por la ausencia.

Tarea 4. Recolocar emocionalmente al fallecido y continuar viviendo

Continuar con la vida no significa dejar atrás a la persona que murió. Con el tiempo, el vínculo puede transformarse y encontrar otras formas de permanecer: en los recuerdos, las enseñanzas, los valores compartidos, las decisiones que tomamos o los rituales que conservamos.


Esta tarea implica ir encontrando un lugar para esa relación dentro de nuestra historia, de manera que la ausencia pueda coexistir con nuevos proyectos, relaciones y experiencias. Recordar y seguir viviendo no son procesos opuestos.


A veces pueden aparecer culpa o miedo ante la posibilidad de volver a disfrutar, hacer planes, establecer nuevos vínculos o imaginar un futuro diferente. Avanzar no significa querer menos ni olvidar; significa permitir que la vida continúe incorporando también lo que esa persona significó.


La forma de mantener ese vínculo será distinta para cada persona. Lo importante es que pueda integrarse a la vida de una manera que permita recordar, conservar lo significativo y, al mismo tiempo, seguir construyendo lo que viene.

Bibliografía

Worden, J. W. (2018). Grief Counseling and Grief Therapy: A Handbook for the Mental Health Practitioner (5th ed.). Springer Publishing Company. Hospice Foundation of America. Research on Grief and Grieving: Tasks of Mourning Model. Hospice Foundation of America. The Tasks of Mourning After 35 Years: Why They Are Still Clinically Relevant.


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