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El duelo y sus manifestaciones

Foto del escritor: Gaby Morales
Gaby Morales
6 feb 2021
6 min de lectura

Actualizado: hace 5 días

Manifestaciones del duelo

A lo largo de la vida establecemos vínculos con personas, animales, lugares, proyectos y formas de vivir que adquieren un significado importante para nosotros. Cuando alguno de ellos se pierde, nuestra realidad puede cambiar de manera profunda.

El duelo es la respuesta natural de adaptación ante una pérdida significativa. Puede aparecer después de la muerte de una persona o animal de compañía, pero también ante una separación, una enfermedad, la pérdida de salud, un empleo, un proyecto o cambios importantes en nuestra forma de vida.

No todas las personas viven el duelo de la misma manera. Sus manifestaciones pueden aparecer en las emociones, el cuerpo, los pensamientos y la conducta, y cambiar a lo largo del proceso.

¿QUÉ ES EL DUELO?

El duelo es un proceso de adaptación ante una pérdida significativa. Puede afectar nuestras emociones, pensamientos, conductas, relaciones y también la forma en que funciona nuestro cuerpo.

Es una experiencia natural y profundamente personal. No existe una duración exacta ni una manera única de vivirla: la intensidad y evolución del proceso dependen del vínculo con lo perdido, las circunstancias de la pérdida, la historia de la persona, sus recursos y su contexto.

A lo largo del duelo pueden aparecer momentos de mayor dolor y otros de mayor estabilidad. Fechas importantes, recuerdos o cambios en la vida pueden hacer que algunas emociones vuelvan a sentirse con intensidad, incluso después de un tiempo.

Aunque a veces se utilizan como sinónimos, duelo y luto no significan exactamente lo mismo. El duelo se refiere a la experiencia interna de adaptación a la pérdida, mientras que el luto incluye las formas sociales y culturales mediante las cuales expresamos esa pérdida, como determinadas costumbres, rituales o prácticas de despedida.

Duelo normal o no complicado: manifestaciones esperables

Durante un duelo normal o no complicado pueden aparecer cambios emocionales, físicos, cognitivos y conductuales. Algunas manifestaciones surgen desde los primeros días y otras pueden hacerse más evidentes conforme la persona va comprendiendo lo ocurrido y adaptándose a la ausencia.

No todas las personas presentan las mismas reacciones ni con la misma intensidad. Lo importante es observar cómo evolucionan con el tiempo, cuánto interfieren en la vida cotidiana y qué recursos tiene la persona para afrontarlas.

Manifestaciones emocionales o afectivas

Después de una pérdida pueden aparecer emociones muy distintas, incluso contradictorias entre sí. Algunas de las más frecuentes son:

  • Tristeza: puede expresarse mediante llanto, silencio, retraimiento o una sensación profunda de vacío.

  • Shock o incredulidad: al inicio puede costar comprender emocionalmente lo ocurrido, aunque racionalmente se sepa que la pérdida sucedió.

  • Enojo, ira o frustración: pueden dirigirse hacia uno mismo, familiares, profesionales de la salud, circunstancias de la muerte, creencias religiosas o incluso hacia la persona que murió.

  • Culpa: puede aparecer alrededor de decisiones tomadas, cosas que se hicieron o dejaron de hacer, o pensamientos sobre lo que “habría pasado si…”.

  • Ansiedad o miedo: puede relacionarse con la incertidumbre, la soledad, los cambios futuros o la sensación de no saber cómo continuar sin aquello que se perdió.

  • Soledad: puede sentirse incluso estando acompañado, especialmente cuando la pérdida afecta una relación central en la vida cotidiana.

  • Apatía o falta de motivación: algunas personas experimentan cansancio emocional, poco interés por actividades habituales o dificultad para involucrarse en lo cotidiano.

  • Impotencia: puede aparecer ante la sensación de no haber podido evitar la pérdida o de no tener control sobre lo sucedido.

  • Anhelo: deseo intenso de volver a ver, escuchar o estar cerca de la persona que murió.

  • Alivio: puede aparecer después de una enfermedad prolongada, una etapa de sufrimiento o una situación difícil. Sentir alivio no significa falta de amor y puede coexistir con tristeza o culpa.

Manifestaciones físicas 

El duelo también puede sentirse en el cuerpo. Algunas personas experimentan cambios físicos durante este proceso, especialmente en periodos de mayor estrés o intensidad emocional. Entre las manifestaciones que pueden aparecer se encuentran:

  • Sensación de vacío o “hueco” en el estómago.

  • Sequedad de boca.

  • Dolor de cabeza.

  • Opresión en el pecho o sensación de falta de aire.

  • Sensación de nudo u opresión en la garganta.

  • Dolor o tensión corporal.

  • Falta de energía, cansancio o sensación de debilidad.

  • Palpitaciones.

  • Mayor sensibilidad a ruidos u otros estímulos.

  • Sensación de extrañeza respecto al propio cuerpo o de “no sentirse uno mismo”.

En algunas personas también pueden aparecer sensaciones físicas que recuerdan síntomas que tuvo la persona fallecida, especialmente cuando existió una enfermedad prolongada o una experiencia de cuidado muy intensa.

Es importante no atribuir automáticamente cualquier síntoma físico al duelo. Si las molestias son intensas, nuevas, persistentes o generan preocupación —por ejemplo, dolor en el pecho, dificultad importante para respirar, desmayos o palpitaciones intensas— conviene buscar valoración médica.

Manifestaciones conductuales

El duelo también puede modificar la forma en que una persona actúa, organiza sus rutinas o se relaciona con los demás. Entre las manifestaciones conductuales que pueden aparecer se encuentran:

  • Cambios en el sueño: dificultad para conciliar el sueño, despertares frecuentes, dormir más de lo habitual o alterar los horarios de descanso.

  • Cambios en la alimentación: disminución o aumento del apetito y modificaciones en los hábitos de comida.

  • Aislamiento social: necesidad de estar solo, reducir el contacto con otras personas o perder temporalmente el interés por actividades sociales.

  • Evitar o buscar recuerdos: algunas personas evitan lugares, objetos o situaciones asociadas con quien murió; otras necesitan acercarse a fotografías, espacios, música o recuerdos que les permitan sentirse conectadas.

  • Conservar objetos significativos: guardar pertenencias puede ser una forma de mantener cercanía, memoria o continuidad con el vínculo.

  • Llanto: puede aparecer de manera espontánea, ante recuerdos concretos o en determinados momentos del día.

  • Cambios en el nivel de actividad: algunas personas disminuyen notablemente sus actividades, mientras que otras se mantienen constantemente ocupadas como una forma de afrontar lo que están viviendo.

Estas conductas no indican por sí mismas que exista un problema. Conviene observar su intensidad, duración y cuánto interfieren con el autocuidado, el trabajo, las relaciones o las responsabilidades cotidianas.

Manifestaciones cognitivas

El duelo también puede afectar la manera en que pensamos, recordamos y procesamos lo que ocurre. Entre las manifestaciones cognitivas más frecuentes pueden aparecer:

  • Incredulidad: dificultad para asimilar emocionalmente que la pérdida ocurrió, aun cuando racionalmente se comprende lo sucedido.

  • Dificultad para concentrarse: cuesta mantener la atención, terminar tareas, leer o seguir conversaciones.

  • Problemas de memoria: pueden aparecer olvidos pequeños, sensación de “mente nublada” o dificultad para retener información reciente.

  • Confusión: sensación de desorganización mental o dificultad para ordenar pensamientos y tomar decisiones.

  • Preocupación constante: pensamientos repetitivos sobre lo ocurrido, las circunstancias de la pérdida o lo que pudo haberse hecho de otra manera.

  • Sensación de presencia: algunas personas sienten por momentos que quien murió sigue cerca o esperan encontrarlo en lugares habituales.

  • Experiencias perceptivas breves: puede ocurrir que una persona crea escuchar la voz, ver fugazmente o percibir la presencia de quien murió. Estas experiencias pueden aparecer durante el duelo y no significan por sí mismas la existencia de un trastorno.

Conviene prestar atención cuando estas manifestaciones son muy intensas, persisten sin cambios o dificultan de manera importante el funcionamiento cotidiano. En esos casos puede ser útil buscar valoración profesional.


¿Qué es el duelo complicado?

Algunas personas atraviesan un duelo que permanece con una intensidad muy alta durante un periodo prolongado y que interfiere de manera importante con su vida cotidiana. En estos casos puede hablarse de duelo complicado y, en contextos clínicos actuales, de trastorno de duelo prolongado.

No se define únicamente por cuánto tiempo ha pasado desde la pérdida. También se considera la intensidad del dolor, el grado de afectación en el funcionamiento cotidiano y el contexto cultural, social y religioso de la persona.

Algunas señales que pueden requerir valoración profesional son el anhelo o preocupación intensa y persistente por la persona fallecida, dificultad marcada para aceptar la muerte, sensación de que la vida ha perdido sentido, aislamiento importante o dificultad sostenida para retomar actividades, relaciones y responsabilidades.

Esto no significa que exista una fecha exacta en la que el duelo “deba terminar”. Los criterios diagnósticos establecen plazos mínimos para valorar un posible trastorno, pero siempre deben interpretarse junto con la historia de la persona, su funcionamiento y su contexto cultural.

Conclusión

El duelo es un proceso profundamente personal. Su forma, intensidad y duración dependen del vínculo con lo perdido, las circunstancias de la pérdida, la historia de la persona, sus recursos, su red de apoyo y su contexto.

Transitar un duelo no significa olvidar ni dejar atrás aquello que fue importante. Implica ir encontrando una forma de integrar la pérdida, recuperar estabilidad y continuar con la vida sin borrar el vínculo ni lo vivido.

Cuando el dolor interfiere de manera importante con el funcionamiento cotidiano, se mantiene con una intensidad muy alta o genera sufrimiento difícil de manejar, buscar apoyo profesional puede ser útil.

Referencias bibliográficas. 

American Psychiatric Association. (2024). DSM-5-TR® update: September 2024. Elsaesser, E., Roe, C. A., Cooper, C. E., & Lorimer, D. (2021). The phenomenology and impact of hallucinations concerning the deceased. BJPsych Open, 7(5), e148. García-Campayo, J. (2012). Manejo del duelo en atención primaria. Revista Digital de Medicina Psicosomática y Psicoterapia, 2(2), 1–18. Losantos, S., Díaz, P., & Pastor, P. (s. f.). Guía de duelo adulto para profesionales socio-sanitarios. Fundación Mario Losantos del Campo. Worden, J. W. (2018). Grief counseling and grief therapy: A handbook for the mental health practitioner (5th ed.). Springer Publishing Company.


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